La revolución táctica de Massimiliano Allegri


Tras cinco años de silencioso sufrimiento, el Milan puso fin a la hegemonía interista y conquistó un merecidísimo ‘Campionato’. Cuatro ‘Scudetti’ consecutivos, además de uno sonsacado en un despacho, habían hecho que los conciudadanos del Inter les superaran en número de Ligas, algo intolerable para el ‘patrón’ Silvio Berlusconi, más atraído habitualmente por la gloria europea que por la nacional, por lo menos en lo deportivo. Por eso, el presidente del gobierno italiano ordenó a su brazo derecho, Adriano Galliani, construir un equipo con el claro objetivo de alcanzar los 18 títulos ligueros de los primos ‘nerazzurri’, a espaldas de la Juventus que, en su página web oficial, se obstina en exhibir con orgullo 29 títulos nacionales, a pesar de que se le quitaron los dos últimos después de la celebración relámpago del proceso por el ‘Calciopoli’, en el verano de 2006.

Entonces se rompieron totalmente los equilibrios y el Inter, que dominó el lustro siguiente, tomó ventaja, ocupando también en Europa el papel desarrollado antes por Juve y Milan, que consiguió, de todos formas, lograr una última Champions después del gran escándalo futbolístico. La vuelta al éxito de los rojinegros parece corresponder a un regreso a la normalidad. Con el octavo ‘Scudetto’ en los 25 años de la era Berlusconi, todo hace pensar que estamos frente al principio de un nuevo ciclo ganador.

Sin rivales
Estable en la cumbre desde el pasado mes de noviembre, el equipo de Allegri se aprovechó de una situación ideal para protagonizar una verdadera cabalgada hacia el título. De hecho, el Inter de después de Mourinho perdió tiempo y puntos por culpa de la escasa confianza de Massimo Moratti en el nuevo proyecto Benítez, el primer técnico al que el presidente inexplicablemente negó los millonarios fichajes que habían caracterizado su gestión precedente, aunque corrigió tardíamente el rumbo con unas cuantas operaciones de mercado cuando llegó Leonardo al banquillo.

La Juve dio vida a su enésima y desordenada refundación, apostando por el discreto entrenador Gigi Del Neri y un nuevo grupo que se perdió en todos los momentos decisivos. Sin sus tradicionales adversarios y tras un arranque liguero caracterizado por la presencia de equipos modestos, como el Chievo, el Cesena y el Parma, en las primeras plazas, los milaneses tomaron el mando del torneo desde el otoño, aunque vivieron un pequeño bajón poco antes del final, permitiendo una ilusoria posibilidad de remontada al Inter y creando en el brillante Nápoles de Mazzari la ilusión de un posible retorno al glorioso final de los años ochenta y principios de los noventa, cuando el ‘Scudetto’ era una cuestión exclusiva entre Maradona y los tres holandeses del Milan. Los enfrentamientos directos, con el pleno de victorias de los chicos de Allegri contra sus dos más aguerridos oponentes, certificaron claramente el dominio milanista. Fue decisivo, sobre todo, el 3-0 en el derby del pasado 2 de abril, que marcó un simbólico relevo entre los futuros campeones y el eterno rival interista.

Una revolución que duró toda la temporada
La temporada empezó con un rotundo y de buen augurio 4-0 contra el Lecce, con el recién llegado Ibrahimovic en la grada y un inspirado Ronaldinho distribuyendo magia sobre el césped, y acabó con un empate sin goles en Roma, donde llegó la seguridad matemática del triunfo final. Justamente, fue en el Olímpico dónde Ancelotti celebró su único ‘Campionato’, en 2004, gracias a un solitario gol de Shevchenko en el que era hasta ahora el último ‘Scudetto’ rossonero.

Entre el partido del pasado 29 agosto y el del reciente 7 de mayo, la plantilla vivió una completa revolución. Se fueron Borriello y el Gaucho y, entre otros, llegaron primero Robinho y después Van Bommel y el siempre discutido Cassano, ambos no aptos para la Champions, demostrando que el objetivo declarado era el ‘Campionato’. La metamorfosis comportó el sacrificio de la pieza clave que era Pirlo, y ello a favor de un centro del campo más físico, al servicio de los delanteros. Alrededor de esta idea, ya está tomando forma la nueva plantilla que, con las incorporaciones de Taiwo y Mexès, ya se centra en los próximos retos y en el sueño de volver a dominar pronto también Europa. Quien no estará seguro es Andrea Pirlo, que tras 10 años como milanista, se va a la Juventus.

Allegri, siguiendo las huellas de Rocco, Sacchi y Capello

Con la conquista del ‘Scudetto’, Massimiliano Allegri se convirtió en el segundo entrenador italiano más joven, detrás de Roberto Mancini, en conseguir el trofeo. Un reto que permite al técnico de 43 años entrar en el restringido club de preparadores ‘rossoneri’ capaces de alcanzar, en la época de después de la Segunda Guerra Mundial, el título al primer intento, junto a los míticos Gipo Viani, Nereo Rocco, Arrigo Sacchi, Fabio Capello y Alberto Zaccheroni. A excepción del actual seleccionador japonés, todos ellos supieron crear ciclos ganadores, culminados con, por lo menos, la conquista de una final de la Copa de Europa. Es lo que se plantea el propio Allegri, nacido en Livorno en 1967, un técnico que parece tener al Milan en su destino.

Jugador de depurada técnica, con buen disparo y visión de juego, debutó en la Serie A, justamente contra el Milan, con el Pisa, al final de la campaña 1988-89. Su primer gol en el ‘Campionato’ llegó tres años después, cuando destacó entre los protagonistas de un espectacular choque entre ‘su’ Pescara y, otra vez, el Milan, acabado con un rocambolesco 4-5. Fue la mejor temporada como profesional del entonces centrocampista ofensivo, líder indiscuble del equipo entrenado por su mentor Giovanni Galeone, profeta de la zona más temeraria y del fútbol ofensivo. Una idea que parecía haber contagiado al fiel discípulo ya desde las primeras experiencias con equipos de categorías inferiores, como Aglianese, Spal y Grosseto.

Del Cagliari al Milan
Con algunas modificaciones, dicha filosofía tuvo éxito con el ‘milagroso’ Sassuolo, que logró el ascenso a Segunda en 2008.  El presidente del Cagliari, Cellino, se fijó en él y lo puso al mando de su equipo. El trabajo de Allegri en Cerdeña fue tan positivo que le permitió ganar el trofeo del ‘Banquillo de Oro’ como mejor entrenador de un equipo italiano, en febrero de 2010 por encima del entonces vigente campeón José Mourinho. Como a menudo suele pasar, la relación con el volcánico Cellino acabó con una destitución, pero el técnico ya había entrado en los planes de Berlusconi y Galliani.

Camaleónico
Presentado oficialmente en junio pasado por el Milan, el gran mérito de Allegri ha sido conseguir el principal objetivo de la temporada a la primera, pese a las continuas modificaciones impuestas en la plantilla por los directivos. A principios de verano, se encontró con un grupo con el que trabajó para tratar de recuperar al mejor Ronaldinho y ponerlo al servicio del ariete Borriello. La plantilla cambió varias veces a lo largo de la campaña. Cerca del cierre del mercado de fichajes, llegaron Ibrahimovic y Robinho, y el propio Borriello fue cedido a la Roma.

Todo el mundo sabe lo complicadas que son las relaciones entre los entrenadores milanistas y su presidente, que siempre trata de imponer sus teorías futbolísticas. Manteniendo siempre su sonrisa, el entrenador poco a poco fue haciendo lo que le daba la gana, revolucionando la alineación que quería Berlusconi. Las decisiones más importantes fueron el adiós de Ronaldinho y la renuncia al jugador referencia, Pirlo, para pasar a una línea de tres centrocampistas, apoyando al mediapunta Boateng. En el mercado de invierno llegaron, entre otros, Van Bommel y Cassano, con lo que el técnico tuvo que gestionar un equipo en Italia y otro distinto en Europa. No hay duda de que le salió mejor el plan doméstico, puesto que lo coronó con el título de campeón.

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Publicado el 19 mayo, 2011 en Ac Milan. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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